La uniformidad ideológica que se ha instalado en las organizaciones tradicionales del tejido sociopolítico del reino, no tiene otra función que la de sacralizar la obediencia a la jerarquía interna. El precio ha sido la pérdida de capacidad crítica y autocrítica, fundamentales para responder a la realidad cuando los manuales y las lecciones “de carrerilla” dejan de ser útiles.
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jueves, 5 de febrero de 2009
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